martes, 23 de junio de 2015

Memorias europeas de Sosa Wagner

Memorias europeas. Mi traición a UPyD. Francisco Sosa Wagner, Funambulista, Madrid, 2015. 768 pp.

Publicado en El Cultural, 19-06-2015.

http://www.elcultural.com/revista/letras/Memorias-europeas/36647

El nombre de Francisco Sosa Wagner (Alhucemas, Marruecos español, 1946) empezó a sonar en el debate político al publicar junto con su hijo Igor en 2006 El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España. La comparación de la situación española (en especial el pulso de las autonomías y los nacionalismos periféricos contra Madrid, epítome de todos los males) con la que había sufrido el imperio austrohúngaro en las décadas iniciales del siglo XX -pronto atizada por el propio Sosa Wagner con cáusticos artículos en la prensa, en especial en el diario El Mundo-, avivaron la controversia sobre la deriva centrífuga del Estado español y sin duda alguna contribuyeron a que un pequeño grupo político entonces emergente, Unión, Progreso y Democracia (UPyD) pensara en el incisivo catedrático como número uno de ese partido en las elecciones al Parlamento europeo que se celebrarían en 2009.
Precisamente, el volumen que nos ocupa comienza en el verano de 2008 en Santander, cuando Rosa Díez, líder de UPyD, le propone personalmente a Sosa Wagner encabezar dicha lista. Empieza así, como reconoce el propio autor, una nueva fase de su vida, por un lado apasionante desde el punto de vista profesional y humano pero, por otro, tremendamente desazonadora y hasta frustrante. ¿Por qué estos aspectos negativos, que terminan tiñendo el libro de la melancolía del esfuerzo inútil? Pues en parte por los laberintos burocráticos de la construcción europea, la complejidad de la maquinaria administrativa supranacional o los intereses enfrentados y muchas veces poco confesables que rigen el día a día de Bruselas, Estrasburgo y el resto de capitales comunitarias. Pero lo peor es la política mezquina, cortoplacista y oportunista de tantos políticos ineptos o venales -sin contar los lobbys- que usan sus palancas de poder para medrar o para conseguir beneficios particulares. Y, por supuesto, no hablamos solo de los rivales sino, sobre todo, de los propios compañeros de partido, que se revelan finalmente como los auténticos adversarios, por no decir enemigos.
Hay que tener en cuenta, llegados a este punto, que Sosa Wagner no es un político al uso. Ni siquiera una rara avis política. Es un experto y un intelectual metido durante un cierto tiempo en el circo político. No es extraño que entre él, un hombre culto, reflexivo e independiente, y los habituales arribistas de pasillos y burócratas obtusos salten chispas. El autor las atempera con unas dosis considerables de ironía o de abierta burla distanciada, sin que por ello se resienta una bonhomía que salta a la vista. Pero la ingenuidad de Sosa limita por otro lado con su vocación de bon vivant. He aquí, en todo su esplendor, un intelectual epicúreo que sabe aprovechar los huecos que le dejan sus múltiples ocupaciones para disfrutar de óperas, exposiciones pictóricas y visitas turísticas en general, pero también para dar cuenta de los buenos quesos, foie gras, vinos, tartas y otras exquisiteces gastronómicas de los lugares que visita.
Estas “memorias europeas” se leen con auténtica fruición por la inteligencia y la erudición que destilan, “salpimentadas” como dice Victoria Prego en el prólogo, con gracia, frescura y considerables dosis de irreverencia. Eso sí, pueden defraudar a quien solo vaya buscando revelaciones escandalosas o descalificaciones gruesas. En este sentido, un desafortunado subtítulo editorial (“mi traición a UPyD”) amenaza con despistar a más de uno.

lunes, 22 de junio de 2015

España y Portugal: liberalismo y parlamentarismo


De las urnas al hemiciclo. Elecciones y parlamentarismo en la Península Ibérica (1875-1926). Javier Moreno Luzón y Pedro Tavares de Almeida (eds.) Marcial Pons Historia/Fundación Práxedes Mateo Sagasta. Madrid, 2015. 404 pp.

Publicado en La Aventura de la Historia, junio 2015.

Se ha dicho incontables veces, pero rara vez se le pone remedio: la cultura española en general y, en este caso concreto, la historiografía siempre mira a Europa desde los Pirineos dando ostensiblemente la espalda a su vecino ibérico, Portugal, con el que guarda más similitudes y coincidencias de las que queremos reconocer. Más aún, cuando tanto se habla de historia comparada, se nos olvida que la primera comparación obligada –por razones geográficas, culturales, sociales y políticas- es la que debemos establecer con el vecino peninsular. Estas dos “asignaturas pendientes” de nuestra historiografía son las que trata de aprobar el proyecto de investigación que reunió a especialistas portugueses y españoles en varias sesiones de trabajo y que ahora aparece en forma de libro.
Compuesto de diez capítulos y estructurado en tres partes diferentes, el presente volumen se propone dar una imagen o, mejor dicho, una serie de imágenes variopintas y complementarias de cómo fueron las elecciones y el funcionamiento del parlamentarismo en la península ibérica desde la consolidación y asentamiento del liberalismo (1875 en España, con la Restauración canovista; 1878 en Portugal) hasta su ocaso ante el empuje de las “nuevas” soluciones autoritarias y el golpe de gracia del cirujano de hierro de turno (las fechas también en este caso convergen significativamente: primero España, 1923 con Primo de Rivera; luego Portugal, 1926 con el golpe militar que entierra la I República).
Estamos ante un libro mucho más estructurado y coherente de lo que suele ser usual en este tipo de obras de autores diversos y contribuciones heterogéneas: un modelo para ulteriores proyectos historiográficos.

Pulso entre la fe y la modernidad

ENTRE CIRIOS Y GARROTES

Manuel Suárez Cortina: Entre cirios y garrotes. Política y religión en la España Contemporánea, 1808-1936. Ediciones de la Universidad de Cantabria/Universidad de Castilla la Mancha, Santander/Cuenca, 2014. 352 pp.

Publicado en La Aventura de la Historia, enero 2015, bajo el título de “Pulso entre la fe y la modernidad”.

En España la religión (católica, naturalmente) ha constituido un elemento de cohesión e identidad nacional pero ha sido también un factor de confrontación cultural, social y política. El marco religioso ha devenido por ello en nuestro país uno de los ámbitos recurrentes para dirimir las diferentes concepciones y modelos de organización colectiva. No en vano se ha dicho que buena parte de los españoles se han pasado la vida detrás de los curas, bien para seguir reverentemente sus pasos, “entre cirios”, bien para ajustarles cuentas con saña, “con garrotes”.
Manuel Suárez Cortina, profesor en la Universidad de Cantabria, tiene tras sí una fecunda trayectoria de publicaciones sobre la España contemporánea, en la que tienen cabida los más variados aspectos, desde los grandes movimientos políticos (reformismo, liberalismo, republicanismo) hasta las grandes cuestiones (historia comparada, nacionalismos, relaciones entre novela e historia). En este volumen el objetivo del profesor Suárez Cortina no es trazar una historia completa y lineal de la cuestión religiosa entre 1808 y 1936, como a primera vista podría colegirse del título, sino más bien examinar una serie de problemas –las siempre difíciles relaciones entre fe católica y modernidad, el laicismo, las concepciones religiosas de las corrientes progresistas, los modelos heterodoxos- que por una u otra razón situaron a la Iglesia católica en el eje del debate.
Para ello el autor organiza un variopinto conjunto de textos, elaborados de modo independiente en los últimos años y presentados en diversos foros, en cuatro grandes bloques temáticos: el primero, “Catolicismo y liberalismo” trata de tolerancia e intransigencia, confesionalidad y nacionalcatolicismo; el segundo, “El laicismo republicano” aborda las diversas formas de laicismo, desde la templada del institucionismo a las algaradas anticlericales (Semana Trágica); el tercero expone algunas “religiosidades alternativas”, básicamente krausismo y espiritismo; por último, la cuarta sección bosqueja un análisis comparado entre México y España, una perspectiva siempre enriquecedora para situar los problemas en sus justos términos. En definitiva, como sintetiza el propio autor, el libro persigue “acercarnos a la compleja relación que en la España contemporánea se da entre modelos de religiosidad, modernidad y catolicismo”. Muy recomendable.

lunes, 25 de mayo de 2015

El fotógrafo del horror

El fotógrafo del horror. Benito Bermejo. Prólogo de Javier Cercas. RBA, Barcelona, 2015, 2º ed. 268 pp.

El Cultural, 22-5-2015.

http://www.elcultural.com/revista/letras/El-fotografo-del-horror-La-historia-de-Francisco-Boix-y-las-fotos-robadas-a-las-SS-en-Mauthausen/36502

Las relaciones entre memoria e historia han dado lugar en muchos países en los últimos tiempos a enconados debates. Si la controversia toma como centro la llamada “memoria histórica” –un oxímoron, según reputados historiadores- las posiciones se hacen más irreductibles. En España la polémica se ha centrado en la represión de la guerra civil y la inmediata postguerra, pero no ha sido solo una discusión teórica o académica como muestran las disposiciones políticas adoptadas bajo el gobierno Zapatero y los diversos movimientos ciudadanos que reivindicaban la exhumación de fosas comunes. En ese ambiente puede entenderse el impacto –no exento de resquemores y desaprobaciones- de una obra inclasificable como la de Javier Cercas, El impostor, que solo desde una perspectiva alicorta puede calificarse de novela sin más.
Los lectores que conocen dicho libro de Cercas saben que en cierto modo el personaje principal es el propio autor, que se plantea un reto que, envuelto en formas literarias, nada tiene que ver con la ficción y sí mucho con la manera de recuperar el pasado, un pasado tan real y conflictivo que aún gravita sobre nuestro presente y nuestro futuro. Desde el punto de vista narrativo el protagonista del libro de Cercas es Enric Marco, pero este no tendría entidad alguna en ese contexto si no fuera porque queda desenmascarado como impostor por alguien que se toma la molestia de encajar pacientemente las piezas del pasado buscando algo tan simple pero tan desacreditado en estos “tiempos líquidos” como la verdad. Ese alguien es un modesto historiador llamado Benito Bermejo (Salamanca, 1963) que, paradojas del mundo que vivimos y las promociones publicitarias, adquiere de pronto una súbita relevancia. Hasta tal punto que se reedita ahora –con prólogo de Cercas- un viejo libro suyo de 2002, que había pasado inadvertido en su momento, sobre uno de los españoles de Mauthausen, Francisco Boix (1920-1951).
Si bien es verdad que la editorial apuesta ahora por el libro de Bermejo y, como consecuencia de lo anteriormente expuesto, los medios le prestan la atención que antes le negaron, no es menos cierto -y debe quedar claro en un examen crítico- que el volumen que nos ocupa es un trabajo excelente que muestra sin veladuras el horror del campo de concentración al que fueron a parar (y, en un porcentaje elevadísimo, a morir) la mayoría de los españoles que habían atravesado los Pirineos después de la guerra civil. Para diseccionar este aterrador panorama el autor pone su foco de atención en las andanzas de Boix, de manera que el volumen puede leerse al mismo tiempo como una biografía de la corta trayectoria de este fotógrafo catalán, un testimonio de las penalidades que sufrieron los reclusos (no solo los españoles) y una denuncia pormenorizada de la crueldad de la maquinaria nazi.
Aunque la fotografía suele ser mero complemento documental, en este caso y por todo lo dicho no debe dejarse en un segundo plano, pues constituye el material mismo que está en el origen y el núcleo del testimonio histórico. Además, frente a otras fuentes documentales, la fotografía (sobre todo cuando hablamos de miles de fotos, como aquí sucede) nos muestra una realidad que difícilmente se presta a interpretaciones interesadas y mucho menos a banalizaciones. En efecto, el horror en estado puro que se muestra en estas páginas está desnudo, en carne viva, como los esqueletos vivientes, los ojos aterrorizados, los cuerpos exánimes apilados para la incineración. Aunque parezca increíble, la totalidad de los testimonios de la vida (aunque este concepto es aquí un sarcasmo) en el campo durante el funcionamiento de este procede de los propios soldados y guardianes nazis. Los verdugos, lejos de esconder las sevicias, realizaron miles de instantáneas de los prisioneros, las actividades cotidianas en el campo, las atrocidades y las muertes. Lo que hizo Foix, poniendo en riesgo su estatus privilegiado en Mauthausen, fue sustraer una parte de esas fotografías (según él cerca de 20.000, aunque se conservan muchísimas menos) para que sirvieran de acusación. De hecho, y precisamente por el asunto de las fotos, Foix declaró en los procesos contra los criminales nazis de Nuremberg y Dachau. Parte de esas interesantísimas manifestaciones se reproducen en estas páginas.
Cuando llegó la derrota alemana, Boix pasó de ser ladrón de fotografías ajenas a reportero gráfico de la liberación. Con las fotos salvadas clandestinamente de la destrucción y las tomadas por él mismo, se documenta este magnífico volumen, ejemplo palmario él mismo de cómo es posible conjugar armónicamente la recuperación de la memoria con el rigor historiográfico.

martes, 12 de mayo de 2015

El fin de la "clase ociosa"

El fin de la clase ociosa. De Romanones al estraperlo, 1900-1950. Miguel Artola Blanco. Alianza Ensayo. Madrid, 2015. 312 páginas. 22 euros.

Publicado en El Cultural, 8-5-2015.

http://www.elcultural.com/revista/letras/El-fin-de-la-clase-ociosa-De-Romanones-al-estraperlo/36428

“Poseer no es un vicio sino un talento del cual son capaces los menos”. Esta cita de Oswald Spengler, que figura en mayúsculas en la contraportada, nos introduce con precisión en el tono y el ambiente del selecto círculo de privilegiados que retrata con esmero el joven historiador Miguel Artola Blanco. “Clase ociosa” la llama con acierto el autor siguiendo a Thorstein Veblen y utilizando en su caracterización algunas acuñaciones teóricas de las recientes aportaciones de la historia cultural y la sociología (Lawrence Stone, David Cannadine, Pierre Bourdieu), sin que en principio quepa entender que ello conlleva matiz peyorativo alguno.
No obstante, forzoso es reconocer que, en un medio como el nuestro, todo lo relativo a la aristocracia despierta sentimientos contradictorios, una fascinación algo morbosa compatible con un discurso políticamente correcto de rechazo frontal, deudor de la ética del mérito y el trabajo. Creo que esa es precisamente la razón de que existan tan pocos estudios sobre ese segmento social en el ámbito historiográfico español, como si estudiar a “los ricos” fuera un objetivo innoble –por decirlo de modo paradójico- o incluso sospechoso (de simpatía o connivencia). Excepciones serían en este contexto los libros de Mercedes Cabrera (que firma aquí el prólogo) y Fernando del Rey sobre la clase empresarial, a los que habría que añadir las biografías sobre personajes o familias excepcionalmente relevantes en ese medio, como Romanones, Gamazo, Medinaceli, Urquijo, Primo de Rivera, Alba, etc.
Pero el fin que persigue Artola en este libro no es tanto centrarse en las figuras más relumbrantes de ese “gran mundo” –aunque algo de ello resulta inevitable- como retratar un modo de vida (ocio, lujo, prestigio) y, sobre todo, documentar de modo pormenorizado una época (la primera mitad del s. XX) que significa el canto del cisne de la aristocracia tradicional. Para cumplir ese propósito Artola se centra en la capital, Madrid, y utiliza fuentes muy diversas –algunas inéditas o poco estudiadas, como los informes de rentas del período-, así como otros materiales de archivo, memorias y documentos de la época. No en vano el libro que comentamos procede de una tesis doctoral, cosa que se nota para bien (en su pretensión de exhaustividad) y en casi nada para mal, porque está escrito de forma clara y amena.
Dividido en dos partes que tienen a la proclamación de la República (1931) como momento clave de bisagra, la primera analiza las bases económicas del sector (sus fuentes de riqueza: rentas, posesiones, cargos), sus “señas de identidad”, sus “espacios exclusivos”, las formas de consumo y los tentáculos políticos. En la segunda parte se da más importancia a la situación política y social, porque las grandes convulsiones del período –las reformas republicanas, la guerra civil y el triunfo del franquismo- significarán un cambio fundamental en las bases de poder, condiciones de vida y estatus de esta elite conservadora y tradicional.
Frente a la visión convencional y maniquea de que el nuevo Estado instaurado por el Caudillo supuso la vuelta de esta rancia nobleza a sus antiguos privilegios, Artola muestra que, aunque en una pequeña parte fue así, en conjunto el sistema político que se consolida en España tras la contienda conlleva el socavamiento del poder de esta aristocracia, sustituida por un sector más oportunista y dinámico de estraperlistas, comerciantes y nuevos ricos. Es decir, el fin definitivo de la clase ociosa, un sector que en buena parte de Europa y América había conocido su momento de esplendor entre las décadas finales del siglo XIX y la I Guerra Mundial.
En España ese declive llegó un poco más tarde, pero se produjo de forma no muy distinta a lo que ocurrió en otras partes del mundo. En las coordenadas españolas la guerra civil fue indudablemente un factor que aceleró el proceso pero que no constituyó exactamente, como suele pensarse, un antes y un después. Simplemente, el franquismo impuso una modernización autoritaria del país que necesitaba de nuevos protagonistas económicos, sociales y políticos. En esa coyuntura la “clase ociosa” (terratenientes, rentistas, etc.) no podía actuar como si nada hubiera pasado y recuperar sin más el estatus del que había gozado durante la Restauración. Ya no pintaba nada en un mundo que se había transformado drásticamente.

martes, 14 de abril de 2015

Franco como mito

Franco. Biografía del mito. Antonio Cazorla. Traducción del autor. Alianza Editorial, Madrid, 2015. 376 pp.

Publicado en El Cultural, 10-04-2015.

http://www.elcultural.es/revista/letras/Franco-Biografia-del-mito/36262

Un libro como este, que lleva en la portada un retrato en primer plano del Caudillo y superpuestas en mayúsculas y grandes dimensiones seis letras (FRANCO), puede dar la impresión casi inevitable de que constituye una biografía más del dictador. Por eso, lo primero y más urgente para el crítico es aclarar que no se trata exactamente de eso. El subtítulo precisa más la intención del autor: trazar una biografía no tanto de la persona real -el militar, el político, el gobernante- cuanto del personaje -el “mito”- que la propaganda construyó para legitimar su poder, justificar sus decisiones y ensalzar su figura. Es verdad que este perfil de dirigente providencial se superpone al ser de carne y hueso, haciendo a menudo difícil la distinción entre uno y otro. Pero en todo caso ese el propósito que anima y singulariza este excelente estudio.
Para ello, Antonio Cazorla, profesor de la Trent University en Ontario (Canadá) y autor de otras relevantes publicaciones sobre el franquismo y su época, utiliza muchas aportaciones de los renovadores enfoques de historia social y cultural. Podría decirse por tanto que la cuestión medular de su obra es la “construcción política” de un líder mediante las técnicas y recursos del poder, desde los más brutales a los más sutiles. Su libro es una traducción, realizada por el propio autor, de un ensayo publicado primeramente en inglés, fuera de nuestras fronteras. Menciono este dato porque es relevante para encuadrar adecuadamente el volumen. Así, junto al lenguaje preciso y el tono divulgativo, el lector atento percibirá también un encomiable propósito de explicar la reciente historia española a un público no necesariamente familiarizado ni con la historia ni con España.
Otra de las virtudes del análisis de Cazorla es que adopta una sinceridad bastante inusual en nuestros lares. Tras autocalificarse de socialdemócrata pero no militante de partido, confiesa su antipatía hacia Franco, “convencido de que fue un hombre cruel, egoísta y un tirano que hizo mucho daño”. Pero a continuación se retrotrae a sus años de niñez -el ambiente familiar, el entorno almeriense- para reconocer que, cuando murió el dictador, tanto él como los que le rodeaban sintieron una gran pérdida. Muchos, aún hoy, mantienen ese reconocimiento. ¿Por qué? Ese es el motor de la investigación que le conduce durante los siguientes capítulos a tratar de explicar una historia tan complicada como fascinante: cómo se urdió “la popularidad del Caudillo”.
Ese recorrido por la vida de Franco está hábilmente distribuido en cinco capítulos que, además de seguir un orden cronológico, permiten vislumbrar una determinada faceta del General que implica un modo (distinto) de actuar y manifestarse en cada período específico. Solo al final se verá hasta qué punto esas imágenes resultan complementarias. Franco fue primero “héroe militar” (1912-1936), luego “salvador de España” en la guerra, “hombre de paz” tras la victoria, “gobernante prudente” entre 1947 y 1961 y modernizador desde comienzos de los años sesenta hasta su muerte. El capítulo sexto y último se dedica muy oportunamente a su memoria (1975-2014) para exponer en breves pinceladas cómo los historiadores, los políticos y no pocos españoles siguen juzgando ese pasado en términos de confrontación.
Cazorla mantiene por lo general un tono ponderado, sin que ello signifique en lo más mínimo una rebaja del tono crítico con respecto a la casi totalidad de los actos realizados por Franco, tanto como militar como jefe del Estado. Por otro lado, las “públicas virtudes” que tantos le admiraron –patriotismo, valor, equilibrio, paciencia, astucia- fueron, en su opinión, producto de una hábil y persistente hagiografía que empezó magnificando sus lances en tierras marroquíes y continuó hasta su lecho de muerte como “abuelo benevolente”. En el último capítulo el autor sale del ámbito histórico y se sumerge en el debate político de la memoria histórica: la necesidad de sintetizar le lleva a posiciones un tanto estereotipadas en un terreno siempre pantanoso. Concluye Cazorla su periplo arguyendo que lo peor, con todo, es que los españoles no hayan sabido construir en esta etapa democrática que ahora vivimos un legado o “espacio común” de la memoria y de la discusión racional –no visceral- sobre nuestro reciente pasado. Este libro, dice, quiere contribuir a ello.

jueves, 9 de abril de 2015

Dragó sobre Roldán

La canción de Roldán. Crimen y castigo. Fernando Sánchez-Dragó. Planeta, Barcelona, 2015. 632 pp.

Publicado en El Cultural, 27/03/2015.

http://www.elcultural.es/revista/letras/La-cancion-de-Roldan/36182

Uno de los rasgos de Fernando Sánchez-Dragó (Madrid, 1936) es que su locuacidad le lleva, sin que haya que esperar mucho, a que lo cuente todo o casi todo. A su manera, claro. En este caso solo hay que esperar a la p. 35 para ver todas las cartas boca arriba: el editor habitual de Dragó le cita y le tienta con el tipo de ofrecimiento que un escritor no puede rechazar. “Tenemos una bomba entre las manos (…) Un figurón de la España corrupta está dispuesto a cantar de plano”. Es verdad lo del figurón, nada menos que Luis Roldán (Zaragoza, 1943), exdirector de la Guardia Civil y uno de los personajes más característicos de la corrupción de la etapa felipista. Lo de cantar de plano es ya harina de otro costal, pero eso quedará a juicio del lector y solo al final de las más de seiscientas páginas del texto.
Lo más normal en estos casos es que el sujeto en cuestión se despache con su versión –sus “memorias”- pero Roldán no quiere ser el autor del libro y propone el nombre de Dragó para la operación. Este se resiste arguyendo que esa clase de obra no es su género ni su estilo, pero termina aceptando no tanto –sugiere- por los argumentos del editor como por la concatenación de azares o “avisos” que le llevan a apropiarse del dictamen de Javier Cercas en Anatomía de un instante: a veces no es el escritor el que elige su tema sino el tema “quien lo está buscando a él”. Una sucesión de casualidades (en París, Laos y el Teatro de los Gatos de Moscú) inclinan la balanza a favor de la aceptación, con solo una condición básica: Dragó admite el encargo pero escribirá una novela. “Una novela de no ficción”, recalca y así, literalmente, aparece en la portada del volumen.
Esto último (¿un oxímoron…, o no?) conduce de modo inevitable a una breve reflexión sobre las fronteras de los géneros. La mención a Cercas no es casual, como no lo sería tampoco aludir a su última obra (El impostor) o citar al último Muñoz Molina (Como la sombra que se va). ¿Cómo encuadrar lo que ha escrito Dragó? Su propio énfasis en calificarlo como novela delata lo controvertible del empeño. No hay aquí personajes de ficción y sí un loable ánimo de recuperar la verdad histórica, con todo lujo de detalles por cierto. La referencia inevitable sería pues A sangre fría de Truman Capote. Dragó la cita en varias ocasiones, junto con Limónov de Emmanuel Carrère, El cero y el infinito de Arthur Koestler y hasta Crimen y castigo de Dostoievski, que presta su subtítulo al libro. Para bien y para mal Dragó se pone el listón bien alto. En esta hibridación de géneros que representa La canción de Roldán, si hay invención es, en todo caso, para rellenar lagunas que, de otro modo, quedarían simplemente como espacios en blanco. Otra cosa muy distinta es que el ego de Sanchez-Dragó se expanda incontenible a lo largo de las páginas, hasta el punto de desdibujar al propio Roldán.
Consciente del reto que ha asumido, Dragó reconoce que el valor de su obra no se podrá medir por revelaciones inéditas ni aportaciones documentales (con excepción del diario de Roldán en la cárcel de Brieva, de escasa relevancia más allá del testimonio personal). Pese a que el autor, con ayuda de Javier Redondo Jordán y Anna Grau, ha intentado entrevistar a los principales protagonistas de los acontecimientos y recopilar todo el material disponible, su libro no se inscribe en la órbita del periodismo de investigación como el que realizaron en su día Antonio Rubio y Manuel Cerdán. Dragó ha escrito una obra muy personal que disecciona la figura de Roldán pero que trasciende al hombre concreto y se convierte en una reflexión sobre una cierta banalidad del mal (en este caso un mal con minúscula comparado con el Holocausto: la corrupción) en una España de mezquinos, impostores y aprovechados. Él mantiene, con su énfasis habitual, que es la España de siempre, la de la picaresca, porque este país no tiene arreglo. Por eso dice también que “Roldán somos todos”. O que todos pudimos llegar a serlo si hubiéramos estado en su situación, lo cual es ciertamente discutible. Menos cuestionable podría ser su conclusión última sobre Roldán como chivo expiatorio, en la medida en que otros a su lado cometieron iguales o mayores tropelías con muchísimo menor coste. En todo caso, si eso y la expiación de sus desmanes redime al personaje, como Dragó pretende, es algo que el lector habrá de juzgar por su cuenta.